Frente al Ruido, la Ley del Silencio

El problema del ruido de las ciudades está en manos de todos porque es el beneficio de todos

Defender la salud y el silencio frente a la agresión del ruido

Artículo sobre Contaminación Acústica Publicado en La Voz de Galicia

Publicamos aquí una versión más completa del texto aparecido en la sección de Opinión de La Voz de Galicia, titulado la Ley del Silencio. Se trata de una reflexión general sobre el grave problema de la contaminación acústica en nuestras ciudades.

Al hablar de la Ley del Silencio no nos referimos a la famosa película de Elia Kazan; no se trata de mantener a los chivatos callados, sino de usar la ley para proteger al silencio del ruido.

Resumen del artículo

Comenzamos recordando que el ruido atenta contra la dignidad de la persona y sus derechos más fundamentales; entre ellos el derecho a la salud y al descanso.

Hablamos del importante papel que deben jugar los ayuntamientos en la lucha contra la contaminación acústica en nuestras ciudades.

Hacemos un llamamiento a tomar conciencia como ciudadanos de nuestro derecho al silencio; para acabar diciendo que es responsabilidad de todos, porque también es en beneficio de todos, lograr una ciudad más habitable y libre de ruidos.

El silencio frente al atentado del ruido contra la dignidad e intimidad de la persona

El silencio constituye la esencia de la intimidad de la persona en su vivienda. Nada hay más sagrado después del cuerpo que nuestro hogar, como prolongación de nosotros, mismos, como refugio frente al mundanal ruido.

La contaminación acústica atenta contra la dignidad de las personas al arruinar este espacio vital, la morada; al perjudicar su calidad de vida, obligándola a alterar su forma de vivir libremente, especialmente el sueño, el descanso, el estudio, la reflexión, sus ritmos de vida, y con ello  su proyección social.

Nadie tiene derecho a atentar contra la intimidad y la dignidad de la persona en su hogar, como no lo tiene contra la integridad física, pues es en el hogar donde mora el cuerpo.

El ruido también como atentado contra la salud

No solo el ruido atenta contra la dignidad e intimidad de las personas, hoy llega a ser un grave problema para la salud de muchos vecinos del centro y cascos históricos de las ciudades, que les expulsa de sus pisos, teniéndolos que malvender, y aquellos que no pueden abandonarlos deben sufrir una permanente servidumbre de contaminación acústica, que merma su esencial calidad de vida.

La amenaza del ruido va en aumento

El daño que produce la contaminación acústica se ha venido intensificando en estos últimos tiempos, debido a la subida de la temperatura, más agradables para disfrutar de las calles, y también a los cambios legislativos; como la ley del tabaco que ha trasladado la clientela más tiempo afuera.

Con mayor frecuencia encontramos más terrazas y más grandes; y cada vez más calles saturadas de ruidosos locales de ocio, que se suman y aglutinan atendiendo al efecto llamada.

Se añade el problema de que en estos locales ya no hay una clara distinción entre el interior, que puede estar debidamente aislado, y el exterior, para fumar y beber, que claro está, no tiene ninguna protección acústica.

Leyes frente al ruido

Es paradójico que el aumento del problema de las molestias por ruido haya ido parejo al desarrollo de su regulación legislativa, reconociendo la protección frente al mismo como un bien jurídico teóricamente más protegido.

Los tribunales admiten que el ruido vulnera nuestros derechos más fundamentales

Efectivamente, en nuestros días los tribunales reconocen que la contaminación acústica atenta a la esfera de los derechos de la persona en cuanto a la vulneración del derecho a la intimidad, al libre desarrollo de la personalidad, a la salud, al medio ambiente sano y a la propiedad.

Ayuntamientos y Contaminación Acústica

De nada nos sirve dotarnos de unas leyes muy correctas frente a la contaminación acústica, si las autoridades públicas no las aplican, bien por falta de interés, o mejor dicho por tener más interés en el desarrollo de la actividad económica del sector del ocio, o bien por falta de medios para ejecutarlas debidamente con el objeto de proteger al ciudadano.

Los ayuntamientos deben aplicar sus propias ordenanzas sobre contaminación acústica

Los ayuntamientos, principalmente, son los encargados de velar por la compatibilidad entre el derecho a una vivienda digna sin molestias por ruidos, y el desarrollo de la actividad económica del sector del ocio, teniendo claro que en el conflicto que pueda generarse entre ambos debe prevalecer el de los vecinos en sus hogares.

Los ciudadanos debemos agudizar más la conciencia de nuestros derechos en este sentido, para exigírselos a nuestros políticos y funcionarios incansablemente; hasta lograr ganar la batalla contra la densa niebla la contaminación acústica, que tanto deteriora nuestras urbes, en aras de unas ciudades más modernas y desarrolladas, por mejor habitables.

Frente al ruido, debemos hacer valer nuestros derechos

No sólo debe importarnos la calidad del aire que respiramos, sino tanto o más, la calidad del silencio de donde vivimos.

Los tribunales vienen desarrollando una mayor sensibilidad social en la aplicación de estas leyes contra la contaminación acústica, que deberían ser hechas cumplir por los ayuntamientos sin tener que obligar al ciudadano a litigar contra ellos para tal fin.

Los ayuntamientos también son responsables del daño que causa el ruido del ocio nocturno

Cierto es que los causantes directos de los daños del ruido que produce el ocio público, son antes que nada los empresarios de los locales, que se aprovechan de la laxitud de los municipios para ejercer su actividad de forma abusiva y fraudulenta; pero no por ello son menos responsables las autoridades públicas, cuando se convierten en cómplices con su pasividad en la dejación de sus obligaciones en la aplicación de las ordenanzas sobre contaminación acústica, y con ello evitar que se produzca ruidos intolerables en las viviendas de los vecinos, haciendo “oídos sordos” a sus quejas.

Penas de prisión para los responsables de los casos más graves de ruido

Es por ello que en los casos de auténtica gravedad por permitir los ayuntamientos que una zona sea saturada de bares y terrazas que afectan, con molestias por ruido, a colectivos de residentes, y sin el debido control policial, se impongan condenas de prisión a los responsables.

Caso del ruido de La Madrila

Tal ha sido en el caso de la sentencia de la Audiencia Provincial de Cáceres de lo Penal en el conocido como caso del ruido de La Madrila, en la que han resultado condenados la alcaldesa y un concejal a penas de prisión e inhabilitación por delito continuado de prevaricación medioambiental.

Asimismo han sido condenados 11 empresarios de locales de ocio por delito contra los recursos naturales y el medio ambiente, y alguno de estos, también por delito de lesiones  al pago de indemnizaciones a los vecinos que han acreditado perjuicios directos por daños morales, esto es, los sufrimientos padecidos por el ruido durante largo tiempo, teniendo en consideración como pruebas para la condena las múltiples denuncias presentadas por los ciudadanos afectados y los informes periciales de acústica que las avalaban.

Lograr ciudades saludables libres de ruidos

Los ciudadanos debemos exigir a nuestros representantes que nuestra sociedad evolucione para estar limpia de contaminación acústica como se hizo durante el pasado siglo con los olores y materias insalubres, cuando las ciudades estaban invadidas de fétidos efluvios por la falta de desagües públicos, debiendo canalizar y ordenar el ruido contaminante para que no degrade nuestro medio ambiente urbano, pues de no ser así acabarán pudriéndose en la ciénaga del ruido, expulsando a los vecinos por la degradación de su calidad de vida, su patrimonio y de la ciudad en su conjunto, que perderá su atractivo frente a aquellas otras que sí se preocupen por el grave problema de la contaminación acústica.

Conclusiones

✓ Es labor de todos lograr unas ciudades habitables y saludables:

de los ciudadanos exigiendo sus derechos,

de los hosteleros siendo respetuosos con la normativa,

de las autoridades públicas haciendo compatibles los derechos de ambos, no siendo cómplices por dejación de sus obligaciones,

y de los tribunales de seguir amparando al ciudadano en defensa de tutela judicial de forma efectiva.

En definitiva, es labor de todos y es también en beneficio de todos; pues a la postre todos padecemos en mayor o menor grado la calidad del silencio de nuestras ciudades.

RICARDO AYALA Abogado, especialista en la contaminación acústica y defensa contra el ruido

Este artículo está publicado en La Voz de Galicia

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